Tinta y Mierda

Tinta y Mierda

lunes, 1 de agosto de 2016

Aprieta los dientes, espera el golpe

Reseña e impresiones al libro
"Sin mayores pretensiones"
Temok

(Colección Somos Barrio)
Editorial Son del Barrio

Sin mayores pretensiones, llegó a mis manos, justo así, sin mayores pretensiones; una pequeña deuda que el autor tenía conmigo y que quedó saldada un miércoles de bohemia. Sigo pensando que fue en el momento adecuado y de la manera correcta.
La obra de Temok es impresionantemente cruda, tenaz, te vuela la cabeza a cada vuelta de pagina; te mastica y te vuelve a tragar; hace que los diferentes panoramas de los cuentos que vas leyendo se salgan de las paginas del libro y te piquen los ojos, o se te incrusten en los dientes; hace que los sentimientos revoloteen como mosquitos en tus orejas, hace que ya no quieras que estén ahí, que se vayan, quieres tomarlos y aplastarlos de la manera más violenta nunca concebida.
Sin mayores pretensiones abre el camino con una serie de golpes que van directos a la quijada, uppercut tras uppercut, que te va dejando maltrecho, y es que no es fácil recibir cientos de golpes, entre la quijada y el corazón. Es fácil aprender a recibir putazo tras putazo, pero nadie te enseña a recibir los putazos del amor, solo te enseñan que cuando es debido, debes de tirar la toalla.
La sangre y los cadáveres hacen su aparición en el momento justo y con ellos la historia más bella de amor que alberga la obra. Situaciones que van de lo chusco a lo enfermizo, pasando por necropsias, bailes, cantos y divas de la noche, que se desenvuelven entre la pasión enfermiza de un publico que camina estando muerto. El amor puede traspasar las fronteras de la vida y la muerte, resurgir de un estado catatónico, para hacer que la erección cumpla su cometido y se incruste fuerte entre la vagina y el bisturí.
Y si el comienzo de la obra no te ha hecho sentir nada, llega al ruedo "La niña de sus ojos", y bien que dicen que la tercera es la vencida. Historia que juega entre la realidad y la ficción, que hace que sientas rabia e impotencia mezcladas en un truendo frenesí, y que hace que te lleves las manos a la boca con su inesperado final, y que por lo menos a mi, hizo que cerrara el libro por unas cuantas horas, para tratar de digerir lo hasta ahora devorado, y es que Temok sabe entrar con maestría a lo más obscuro de tu corazón, y estando ahí comienza a masticarlo poco a poco, sabe disfrutar de ese festín de sentimientos escondidos.
Para ir cerrando la jornada, nos encontramos dos textos que si bien son el resultado de las diferentes cotidianidades a las que nos enfrentamos en el día a día, Temok hace que se conviertan en historias con una fuerza implacable y que hacen que podamos observar como lo más sencillo como una mascota puede salvar o destruir tu relación sentimental. Al final del día queda esa sensación de querer comprar por lo menos media docena de peces beta. Mientras que al fin de "El fin", nos sumerge en una historia de barrio, pero que lleva consigo un suspenso inimaginable y que al final te deja un sin sabor, que solo culmina cuando lees "Sólo El Fin". Pero que te deja las manos temblorosas y la mirada vidriosa.
Sin mayores pretensiones, es eso, nada de pretensiones, las cosas como son, como vienen, como se leen, como se viven; con este libro reafirmo mi admiración hacia el más banda entre los banda, el maistro, el punk, el aguerrido, el buena onda, el cerruchero y el buen amigo, más trabajos cómo este mi chingon.
Y por supuesto un aplauso doble a la Editorial Son del Barrio, A Daniel Jimenez, Alejandra Espinoza y David Misan, por traernos trabajos tan maravillosos, no puedo esperar para leer todos los títulos de la colección. Larga vida y nunca se cansen.

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