Tinta y Mierda

Tinta y Mierda

martes, 30 de abril de 2013

Sonrisa

lee y vomita


Las dos de la tarde,
cuatro azotes,
ocho niños riendo y señalándome,
dieciséis cuadras que corrí sin descanso,
treinta y dos perros aullando, corriendo tras de mí,
sesenta y cuatro piernas que me enrollan con dulzura,
ciento veintiocho monedas que ruedan en el piso,
doscientos cincuenta y seis vagabundos peleando por un trozo de pan,
quinientos doce pasos para arrancar tu estúpida sonrisa,
un Gb de información que desencadena una nueva tragedia.


viernes, 26 de abril de 2013

La increíble, desfachatada y demente historia del policía que nunca quiso ser policía

Ésto es un híbrido que toma ideas de los escritores que han pasado por mis oídos,  no se si llamarlo tributo o parodia, ustedes decidan. Todo realizado con mucho cariño...

Rodimiro Guzmán vivía muy cerca de Pueblo Quieto, ahí no pasaba nada, siempre tenía la mirada perdida entre él y el horizonte que lo separaba de su desgracia. Juan José Perales, su compadre y amigo le aconsejaba que hiciera algo, que siempre se la pasara como pendejo, pero Rodimiro no hacía caso, todos los días se perdía en ese horizonte perfecto.
En Pueblo Quieto no pasaba nada porque nadie quería ver nada, masacres, levantados, muertos, asaltos, violaciones, vejaciones y para colmo una asesina serial que había comenzado matando animales, después a su niñera, a su familia y ahora ya había 15 muertos con el mismo rictus salvaje, pero de algo estaba seguro el Perales, que necesitaban un policía.
La madre de Rodimiro le servía la cena en el preciso momento que el Perales apareció, la madre lo vio y le sirvió un plato grande de frijoles,  que José agradeció, estaban cómodamente sentados cuando escucharon unos disparos, un grito sordo –órale compadre agáchese que nos van a reventar- mil disparos más, mil cuerpos perforados, Rodimiro lloraba fríamente, salió de su casa, el olor a sangre lo hizo vomitar, vomitaba mientras veía el horizonte de la desesperación, en el principio del final.
Pueblo Quieto tenía un olor a tierra mojada combinado con sangre, esto era de esperarse, Rodimiro salió de su casa con la velocidad de una serpiente, serpiente viento, mujer serpiente, viento omnipresente que se rige en los momentos precisos de tu boca, tu dulce boca, fría boca, dulce boca; viendo el horizonte perfecto, Rodimiro había tomado una decisión, salir de Pueblo Quieto para dirigirse a Ciudad Peligro, miro vagamente la luna en toda su resplandeciente omnipresencia y lloro por sus muertos una vez más.
Entró a su casa, buscó a su abuela, no la veía por ningún lugar, solo escuchaba una respiración jadeante que venía de la cocina, se acercó sigilosamente y lo que vio lo lleno de repugnancia, ahí estaba el Perales y su abuela totalmente desnudos, ella tomaba su pene y se lo metía violentamente en su orificio anal, él le apretaba los senos caídos con vehemencia, mientras sus lenguas se conjugaban en un rito grotesco, Rodimiro no dijo nada, no era nadie para decir nada, se sentó y esperó.
No sabe cuánto tiempo esperó, pero cuando abrió los ojos no se escuchaba nada, se dirigió a la cocina solo para encontrar a su abuela abierta en canal, puesta ceremoniosamente en la mesa del centro, sus vísceras estaban esparcidas por el suelo y su corazón en una olla hirviendo, su cabeza estaba totalmente destrozada y sus ojos fuera de órbita, Rodimiro la miró, sonrió y el llanto comenzó a  brotar, lo había decidió el sería el primer policía en Pueblo Quieto.
A pasado casí un año de estó, solo la asesina psicótica serial fue brutalmente abatida, de ahí en fuera todo sigue igual, lo único que hace la diferencia es ver a Rodimiro con su flamante uniforme de policía violando al Perales cada luna llena.

domingo, 14 de abril de 2013

Apestas

lee y vomita


la miré detenidamente,
    me miró fijamente,
         nuestras miradas chocaron con angustia,
              nuestras manos temblorosas,
                       mi pene resbalando por su estrecha vagina,
                            mi boca danzando en sus dientes,
                                mi lengua resbala por todo su cuerpo,
                                    llega sin prisa a su hermosa flor,
                                        la saboreó,
                                           la huelo,
                                               la siento,
                                                   apesta,
                                                   apesta, 
                                                   apesta.
       Una noche más en el olvido.

martes, 9 de abril de 2013

Acróstico a la pasión

lee y vomita:


Cuídate de los guarros,
Hay muchos en tú ciudad,
Incluso en tu casa, o
Cuando sales a pasear,
Hay que rica mamacita,
Insulto que no se hace esperar,
Sonríes nerviosa, el cuento de nunca acabar.

Pobre de tu vida,
Incluso la mía es mejor,
Todo el día mirando,
Oh esas grandes tetas, por dios.

Culpa a Dios por darte
Un gran culo,
Lo más grande a ti te dio,
Ojala nunca te lo quite, o de tristeza moriría yo.

Cansada de tantas cosas,
O quizá un poco embelesada,
Gozaste con todos ellos,
En una gran follada,
Restrojos de tu ano, la alfombra regaban.

domingo, 7 de abril de 2013

Tres Vaginas a las 3

lee y vomita:


Penetraba salvajemente aquella dulce vagina, lo hacía en un ritmo frenético para que sintiera todas las venas de mi pene, nuestros vellos se unían en un rictus salvaje, como si ellos mismos también  estuvieran teniendo sexo salvaje, me aferraba a sus nalgas para que sintiera todo mi pene dentro de ella, ella gritaba, yo gritaba, mi boca se movía; justamente cuando estaba por articular un gran grito de placer, el grito fue callado por una dulce vagina que se posiciono en mi boca, sentí sus dulces pétalos rozar mis labios, mi lengua se unió a ella como si se besaran, movía la lengua en círculos, de arriba abajo, un grito salió de aquella mujer, mis labios rozaban los suyos, mi boca se derretía y mi lengua se entumía; seguía penetrando a la mujer que estaba debajo de mí y chupándole la vagina a la que estaba enfrente de mí, el éxtasis era muy peculiar, los gritos de las dos mujeres se fusionaron, mis dedos se contrajeron trate de controlarlos, quise agarrar la sabana y apretarla en mi puño pero algo húmedo lo impidió, unos dulces labios esperaban impacientes, los toque suavemente, toque su botón y el grito se escuchó, poco a poco sentía cada vez más húmedo el lugar, introduje mi dedo por sus pliegues, poco a poco, sin prisa, lo movía aun mismo compás  los vellos se conjugaron con las yemas de mis dedos, un rito de placer sin igual; aun así seguía penetrando a la mujer que estaba debajo de mí, seguía besando los labios de la mujer que estaba enfrente de mí, seguí introduciendo mi dedo en la mujer que estaba al lado de mí, el grito de las tres mujeres se fusiono en uno solo, todo esto mientras el reloj de la pared marcaba las 3 en punto.

Ever "Perro Rabioso" Martínez